Durante siglos, los marineros británicos devoraron a las tortugas verdes hasta casi extinguirlas: hoy las hemos recuperado
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Durante siglos, los marineros británicos devoraron a las tortugas verdes hasta casi extinguirlas: hoy las hemos recuperado

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28 de abril de 2026
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José A. Lizana
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José A. Lizana

Corresponsal Global

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Durante siglos, los marineros británicos devoraron a las tortugas verdes hasta casi extinguirlas: hoy las hemos recuperado

A mitad de camino entre América del Sur y África, en la inmensidad del océano Atlántico, emerge un pequeño punto volcánico que es la isla de Ascensión. Durante siglos, este pedazo de tierra fue el escenario de una masacre sistemática, pero hoy representa uno de los mayores casos de éxito de conservación marina en el siglo XXI, culminando el pasado mes de octubre con un anuncio histórico en el que se apuntaba que la tortuga verde ha pasado oficialmente de estar "en peligro" a ser catalogada como una "preocupación menor". 

Su historia. Para entender la magnitud del fenómeno de Ascensión, primero hay que entender el viaje ya que cada temporada, miles de tortugas verdes recorren 2.300 kilómetros desde las costas de Brasil hasta esta remota isla para desovar, es decir, liberar sus huevos. Pero... ¿Cómo logran encontrar este pequeña isla en un océano tan enorme como es el Atlántico? 

Un GPS. El célebre biólogo Archie Carr propuso en su día que estas criaturas utilizan una especie de "GPS olfativo", con el que eran capaces de encontrar huellas químicas disueltas en las corrientes oceánicas que emanan de la isla. Aunque la mecánica exacta sigue siendo objeto de estudio,  ya que los análisis genéticos basados en ADN mitocondrial no dejan lugar a dudas de que existen poblaciones atlánticas perfectamente diferenciadas y la de Ascensión tiene una firma única.

De hecho, los estudios apuntan a que las tortugas nacidas en Ascensión viajan por todo el continente americano, llegando a representar entre el 43% y el 47% de las capturadas en las costas de Uruguay y adentrándose hasta el Mar Patagónico.

Un pasado oscuro. Desde su descubrimiento en 1501, marineros portugueses y británicos vieron en Ascensión no un santuario, sino un bufé libre, como se ha documentado magistralmente en obras como Ascension: The Story of a South Atlantic Island de Duff Hart-Davis.

Durante siglos, las prácticas habituales eran el "volteo" donde los marineros literalmente daban la vuelta a las tortugas en la playa, inmovilizándolas para mantenerlas vivas con su carne fresca durante meses. Aquí hay testimonios históricos como el del capellán John Ovington en 1691 que relata la matanza industrializada de estos reptiles, que eran enviados vivos a Inglaterra para satisfacer la demanda de "sopa de tortuga". Algo que llevó a la especie al borde de desaparecer. 

Un punto de inflexión. Llegó en 1977, y coincide con el momento en que comenzó el control y monitoreo de esta especie en las playas anidadoras, revirtiendo siglos de impacto humano. Y los resultados apuntan a que mientras en 1977 se contaron 3.752 nidos anuales, hoy la isla alberga más de 25.000 nidos cada año. 

Imágenes | wirestock en Freepik

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