Entrevista a Patrick Charpenel: “Es urgente que se reescriba la historia cultural de los Estados Unidos”
Perú

Entrevista a Patrick Charpenel: “Es urgente que se reescriba la historia cultural de los Estados Unidos”

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28 de abril de 2026
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Enrique Planas
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Enrique Planas

Corresponsal Global

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Es muy interesante la historia del Museo del Barrio en Nueva York. Más allá de los grandes museos de esta ciudad, la institución ubicada en la parte alta de la Quinta Avenida, en el barrio de East Harlem (también conocido como Spanish Harlem o “El Barrio”), propone una identidad muy cercana, no solo con el vecindario que lo acoge, sino con el centro de su colección, basada en el arte de Puerto Rico. Patrick Charpenel, máster en Filosofía por la Universidad de Guadalajara, director de la institución, forma parte de la sumatoria de esfuerzos que le dan poder a la comunidad latina en Estados Unidos. Bad Bunny, con un concierto en el Super Bowl que supuso un simbólico golpe para el actual inquilino de la Casa Blanca, no es un caso aislado.

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¿Qué está sucediendo hoy con la cultura hispana en ese país que, justamente, atraviesa las tensiones más fuertes y las confrontaciones más agudas que se recuerden en décadas? Sobre ello, entre otros desafíos del museo, habló ayer Charpenel en un foro abierto por la Feria Pinta Lima, que hoy concluye en la Casa Prado de Miraflores. Y también lo hace en esta entrevista, enfatizando muy claro: “Lo que estamos viviendo todos los latinoamericanos, y especialmente los mexicanos en Estados Unidos, es una persecución para ‘blanquear’ y ‘limpiar’ étnicamente al país”. Para el curador, instituciones como la suya enfrentan frontalmente una política racista que, lo único que podrá ofrecerle a su sociedad, es empobrecerla culturalmente.

“Imaginemos, por ejemplo, la industria musical estadounidense sin las contribuciones de los afroamericanos y de los latinos. ¡Se acabaría por completo! Ese ejemplo que hago con la música podemos extenderlo a todos los ámbitos. Yo creo que a este país le falta memoria histórica: fuera de los nativos, los primeros que empezaron a poblar los Estados Unidos fueron los hispanos. Aquí se empezó a hablar español antes que inglés. Entonces, borrar esa historia es algo completamente absurdo”, afirma en esta entrevista vía Zoom, pocas horas antes de subir a su avión hacia Lima.

― Uno de los aspectos que han sido invisibilizados, si hablamos de estas políticas coloniales, ha sido la producción artística de los latinos en Estados Unidos…

Así es. Es muy fácil encontrar galerías en Estados Unidos que representen y vendan obra de artistas latinoamericanos, pero es muy difícil encontrar galerías que representen y vendan el arte latinx, término que se usa mucho en las comunidades latinas en los Estados Unidos. Cuando Octavio Paz escribió El laberinto de la soledad, entendió que no podía definirse la identidad mexicana sin hablar de las comunidades mexicanas en los Estados Unidos; era una extensión que le sumaba complejidad a ese ejercicio de reflexionar en torno a la identidad de México. Y eso pasa con todos los países latinoamericanos y sus grandes o pequeñas comunidades en los Estados Unidos. Es muy importante visibilizar ambas cosas y también hablar de las fuertes conexiones que existen entre lo latinx y lo latinoamericano. El fenómeno de las diásporas enriquece estos ejercicios de reflexión.

Imágenes de la primera exposición en Estados Unidos   de la artista interdisciplinaria cubanoamericana Coco Fusco.

― ¿Y por qué crees que se han cortado estos puentes que podrían unir la producción cultural local con la de la diáspora?

En el caso de México y de Puerto Rico lo tengo muy claro: ha sido entera responsabilidad de ambos países. Una especie de purismo. Decir “eso ya no es México” o “eso ya no es Puerto Rico”. Por eso me encanta citar a Gerardo Mosquera cuando dice que no existe el arte peruano, ni el arte mexicano, ni el arte francés. Creer que existen es caer en la trampa de esencializar culturalmente un lugar. No hay un arte mexicano: lo que hay es arte “desde México”. No hay arte peruano, hay “arte desde el Perú”, en donde consideramos la manera en que se nutrió un artista o un movimiento de un contexto histórico, social, político, económico. Cuando esencializamos las identidades culturales, llegamos a una especie de “purismo” que descarta lo que no se hace dentro del país. Todas esas definiciones cerradas con las que tendemos a operar hay que diluirlas e introducir complejidad.

― ¿Hay algo que defina la producción de arte latinx o solo lo define la diversidad?

Se basa mucho en la diversidad. Pero la condición que los marca a todos es haber sido una producción invisibilizada. A pesar de la diversidad, sí hay en la mayoría de los artistas latinos que trabajan en Estados Unidos el propósito de abordar esa invisibilidad. No es que todos lo hagan, no es un rasgo característico de todos, pero sí hay un impulso que busca no solo visibilizar, sino hablar de una complejidad.

― Entre muchos otros, los políticos peruanos tienen un problema básico a la hora de abordar la cultura: creer que el propósito para invertir en un museo se basa solo en atraer turistas. Desde tu experiencia, ¿cómo interpretas esta visión?

Definitivamente, siempre ha habido una falta de visión. Y muchas veces ello hace que nuestros políticos vean el potencial de los museos solo desde el turismo, como centros de entretenimiento. Un museo no está peleado con entretener a sus públicos, pero antes es un laboratorio de experiencias, un centro de investigación, un espacio que educa, un espacio para las conversaciones difíciles y urgentes. Si bien no conozco las instituciones peruanas en detalle, admiro muchas de ellas. En el MALI, por ejemplo, ustedes tienen uno de los pocos museos con una colección enciclopédica en América Latina. Y no son muchos. México, que tiene una de las mayores infraestructuras de museos en el mundo, no tiene un museo enciclopédico. Es algo que envidiamos mucho. Por cierto, más lamentable es cuando los políticos ni siquiera tienen ese interés turístico; cuando no ven beneficios al invertir en un museo ni en sostener este tipo de plataformas en las ciudades.

La obra de Coco Fusco cuestiona las dinámicas de la política y el poder en Estados Unidos.

― Una feria de arte como Pinta Lima busca dinamizar un sistema del arte local que no se ha recuperado desde antes de la pandemia. Cada vez hay menos galerías y las instituciones cuentan con menos recursos. Desde tu perspectiva, ¿cómo ves la proyección de los artistas peruanos en el concierto internacional?

El Perú es un semillero de talentos y no creo que eso vaya a cambiar. Ningún punto geográfico del continente tiene mayor historia que el Perú. Y no solo es esa genealogía extraordinaria que se puede rastrear en su producción cultural, sino la inspiración que se gesta en medio de una historia política reciente muy compleja. Eso muchas veces le suma a la manera como se juega el arte en un país donde hay inestabilidad social y política, sin que ello le reste a la producción artística. Lo que sí veo es un repliegue en el mercado, y eso me preocupa. Me sorprendió enterarme recientemente de que la galería Revolver, una de las que tenía más presencia y proyección internacional, cerrara en Lima. Para mí es inexplicable. Significa que fue un proyecto que no pudo sostenerse localmente; que no hubo mercado para sostener una galería importante que le ha dado mucha visibilidad y representación al Perú. Eso me sacudió y me hizo preguntarme qué está pasando. Conozco algunos coleccionistas de mi generación que siguen activos, pero me pregunto si la nueva generación es tan dinámica y comprometida. Por eso pienso que es muy importante que un país con una escena tan relevante no deje de tener ferias que convoquen.

― Una institución como el Museo del Barrio busca cambiar esa narrativa oficial y equivocada del desarrollo del arte en Estados Unidos. Si sumamos a ello que la filantropía cultural está seriamente en retroceso, ¿cómo se puede mantener una institución como la que diriges?

Es una buena pregunta. Te responderé en dos direcciones. La primera: es urgente que se reescriba la historia cultural de los Estados Unidos. La narrativa que está en el aire es eurocéntrica, blanca, escrita por hombres. Y todavía se siguen replicando estos vicios tan arcaicos. Entonces, instituciones como el Museo del Barrio siguen sufriendo cierto grado de marginación. Lo segundo: el gobierno federal y también el gobierno del estado de Nueva York nos apoyan mucho. Pero tenemos que sensibilizar a las plataformas de apoyo, a las miles de fundaciones, para que no dejen de mirar y diversificar la experiencia cultural. Últimamente estamos haciendo un esfuerzo muy grande para obtener recursos que nos permitan mantener nuestro programa de niños, estudiantes, familias y tercera edad. El Museo del Barrio no solo presenta una colección; mantenemos vivas muchas de las tradiciones latinas y hacemos celebraciones comunitarias. Es vital mantener estos programas para que las comunidades sigan sintiendo que están en casa.

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