El nuevo rostro del puente Balta: un repaso a la historia de la estructura a través de los años
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La Municipalidad de Lima inició los trabajos de recuperación del Puente Balta como parte del proceso de peatonalización y puesta en valor del Centro Histórico de Lima. La intervención contempla el reemplazo del deteriorado pavimento asfáltico por uno de canto rodado, en línea con el Plan Maestro de la zona, con el objetivo de mejorar la seguridad de los peatones y recuperar la armonía del paisaje urbano.
El proyecto, ejecutado por el Programa Municipal para la Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima), responde al estado de desgaste de la superficie del puente, que representa un riesgo para los transeúntes. La obra incluye el cierre temporal de la estructura y forma parte de una estrategia más amplia de restauración de espacios públicos y monumentos en el centro de la ciudad.
Gracias a los archivos de El Comercio, podemos conocer la historia del Puente Balta. Esta se remonta a 1869, cuando se firmó el contrato para la construcción del entonces llamado “nuevo puente de Lima”, durante el gobierno del presidente José Balta, de quien luego tomaría su apellido para ser registrado como “Puente Balta” en documentos oficiales. La obra, dirigida por el ingeniero Felipe Arancibia y ejecutada por el constructor Enrique Armero, marcó un hito en la infraestructura urbana al convertirse en el primer puente de hierro de la capital, fabricado por la empresa francesa Boignes Rambourgs.

Desde sus inicios, la estructura fue símbolo del proceso de modernización que atravesaba Lima en la segunda mitad del siglo XIX. Con el tiempo, el puente —que cruza el río Rímac— experimentó diversas transformaciones, desde su uso vehicular hasta su posterior restricción para peatones en la década de 1970. Dos años después, en diciembre de 1972, fue declarado “Monumento histórico” durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado.

A lo largo del siglo XX y XXI, ha recibido diversas intervenciones, como cierres temporales y problemas estructurales que demuestran su antigüedad y la necesidad de conservación.
El puente también ha sido escenario de distintos episodios urbanos, como la instalación de una feria artesanal en 1962, problemas de acumulación de residuos en los años sesenta, restricciones de tránsito por su debilitada estructura en la década de 1990 y trabajos de refacción ante riesgos estructurales en 2012.
La actual intervención de Prolima no solo se limita al puente, sino que se integra dentro de un plan más amplio de recuperación del Centro Histórico. El proyecto contempla también la mejora de las calles aledañas, que serán remodeladas con un acabado empedrado similar al aplicado en la Rinconada de Santo Domingo, con el fin de unificar el entorno urbano.
Las labores buscan rememorar el aspecto original de la Lima antigua, reforzando el valor patrimonial del espacio y promoviendo su uso por parte de peatones y turistas. De esta manera, la restauración del Puente Balta se posiciona como una zona clave dentro de la estrategia municipal para revitalizar uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad.
La restauración del Puente Balta presenta actualmente un avance aproximado del 45%, concentrado principalmente en la ejecución del nuevo empedrado de la calzada, donde ya se ha instalado la piedra de canto rodado que reemplazará al antiguo pavimento asfáltico. Según explicó Luis Martín Bogdanovich, gerente de Prolima, el modelo de intervención se basa en criterios históricos, técnicos y arqueológicos que buscan reproducir el aspecto original del puente sin comprometer su resistencia estructural ni su valor patrimonial.
La propuesta contempla el uso de morteros compatibles con la tradición constructiva del Centro Histórico de Lima, reforzados con cemento Portland tipo I para mejorar la durabilidad y el control de humedad. Además, se viene evaluando la conservación de las barandas de hierro fundido, cuyas bases presentan deterioro por corrosión, así como la futura instalación de veredas con baldosas de basalto y sardineles de piedra granítica, prevista para finales de septiembre.
La inversión total asciende a S/ 155 mil y es financiada íntegramente con recursos municipales. Desde Prolima destacan que la intervención no modificará el uso histórico del puente, manteniendo su prioridad peatonal, aunque sí permitirá optimizar la transitabilidad y reforzar la seguridad para vecinos y visitantes. También se incorporará señalética informativa que permitirá a la ciudadanía conocer la historia y relevancia patrimonial del lugar.





Bogdanovich señaló que esta obra forma parte de una estrategia mayor de recuperación de infraestructuras históricas dentro del centro de Lima, con la posibilidad de replicar este modelo en otros espacios patrimoniales. Aunque aún no existen proyectos confirmados para otros puentes, Prolima mantiene en evaluación futuras intervenciones en zonas como el entorno del Puente de Piedra, dentro del Proyecto Especial Paisajístico Río Rímac.
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